En la cuarta centuria, la cultura de Moche enterró a uno de sus jefes militares más grandes. Lo enterraron señalando hacia el sur, su nariz y oídos cubiertos con reliquias de oro y sus pies revestidos en plata. Para acompañarlo, sacrificaron mujeres, niños y llamas, mientras que los guerreros más respetados acompañaron a su superior en su viaje al mas allá.
Más de 1.700 años han pasado, y el jefe militar hizo su reaparición triunfante. Claro, no la hizo el mismo, sino que en 1987, un equipo de arqueólogos llevados por Gualterio Alva encontró los restos del señor de Sipán, a 29 kilómetros de la ciudad de Chiclayo en la región de Lambayeque. Fue considerado como uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo. La estructura encontrada en Sipán se compone de tres pirámides, en una de ellas están los restos del sacerdote guerrero acompañado de sus seguidores.
Pero más espectacular que la misma naturaleza del descubrimiento y la calidad excepcional de las reliquias, las tumbas reales del Señor de Sipán han permitido a historiadores y arqueólogos ensamblar mucho de la historia perdida, de una civilización extraordinaria que dominó la mayor parte del norte del Perú por siglos.
Después de pasar años en exhibición en las Américas, Europa y Asia, los tesoros del Señor de Sipán ahora son exhibidos en el museo "Tumbas Reales de Sipán" en la ciudad de Chiclayo. Esto asegurará que el antiguo noble continúe revelando sus misterios para las futuras generaciones. |